Cómo echo de menos los altos vuelos, y los grandes sueños en los que nada más que un duro golpe contra el suelo podía despertarme. Cómo echo de menos esa mirada de futuro en mis ojos. Hasta echo de menos esos "para siempre" y esos "nunca".
Qué fácil es querer para siempre la primera vez, qué fácil es jugar y creerse que no acabará nunca. El primer amor siempre viene de la mano de la ingenuidad. Y casi todas las veces seguido de la decepción. A veces con el otro, a veces con uno mismo. A veces con los dos.
Ahora me es mucho más difícil dejarme llevar, me es mucho más difícil tocar el cielo y soñar sin limites. Supongo que es cosa de niños el soñar y abandonar la tierra firme. Supongo que la experiencia y la sensatez acaban con Peter Pan. La madurez destierra a la fantasía del niño.
Y sin embargo, yo echo de menos esos viajes con billete sólo de ida.
Y no saber cuándo volveré, y no saber si volveré.
sábado, mayo 03, 2008
Billete de ida
Y la tuya
Es curioso cómo siempre consigue arrancarme una sonrisa. No puedo evitarlo, se me dibuja en la cara sola. Y mejor todavía, me ilumina el corazón. Hay sonrisas falsas, que sólo manipulan el rostro. Pero no consiguen engañar a nadie, la sonrisa de verdad no se ve en los labios. Se ve en los ojos, que brillan de repente. Es extraño; por muy mal que vayan las cosas, por mucho empeño que ponga yo en estar enfadada o triste, siempre aparece esa sonrisa. Siempre aparece esa persona que consigue arrancármela. Que consigue robármela. Y hacía mucho que no sonreía de esta manera. Hacía mucho que los motivos para estar seria eran mucho más fuertes, hacía mucho que nadie conseguía derribar mi protección a prueba de robos. Y ahora ya no estoy segura de si ha vuelto la sonrisa o me la han robado. La cuestión es que me gusta sentir esa luz en mis ojos. Me gusta sentir el corazón brincando en el pecho. Me gusta sentir el aleteo de mi alma. Y me gusta sentir que vuelve a haber un "siempre". Aunque para mí el siempre no sea más que un continuo "por ahora". Pero hay que ver cómo me gusta este "por ahora". Cómo me gusta mi sonrisa. Y la tuya.
jueves, febrero 21, 2008
La coleccionista de recuerdos
Sus ojos parecían querer observarlo todo, y siempre estaban iluminados por el cálido brillo de la melancolía.
Su sonrisa era sincera, al igual que sus lágrimas, que en lugar de nublar su mirada, más bien parecían limpiarla.
Le gustaba pasear sin rumbo fijo y sentir el viento frío agitando su pelo.
No buscaba nada concreto, pero se fijaba en todo lo que le rodeaba, por si acaso encontraba algo.
Coleccionaba atardeceres y recuerdos.
Los atardeceres los guardaba en su cámara de fotos.
Los recuerdos los encerraba en pequeñas botellitas de cristal, como si fueran valiosos perfumes.
Los guardaba cuidadosamente, esperando que al abrir el recipiente, el dulce aroma de los recuerdos le hiciera revivir el momento que ya pasó.
El momento que se fue.
Como el atardecer.
Esta obra está bajo una
licencia de Creative Commons.
lunes, febrero 18, 2008
El maravilloso arte de la sonrisa
Qué poco hace falta para hacer feliz a alguien.
¿No es maravilloso el arte de provocar una sonrisa?
Es asombroso cómo podemos regalar una chispita de alegría, mover algo en el corazón de una persona y darle un poquito de vida.
Las cosas más sencillas son las más misteriosas y mágicas de este mundo, y qué poca atención les prestamos.
Una sonrisa...
regalar una sonrisa es una de las mejores cosas que podemos hacer en esta vida.
El amor
¿Cuándo empecé a amarla?
Realmente, he hecho un repaso a mi vida, buscando la respuesta a esta pregunta.
¿Empezó en bachillerato?
No, porque en la ESO ya estaba deseando con toda mi alma empezar con esa asignatura.
¿Empezó cuando leí el Mundo de Sofía?
Tampoco, porque cuando ese libro cayó en mis manos ( tenía yo 9 añitos), ya sabía de qué trataba.
Y lo busqué expresamente.
¿Entonces, cuándo empezó?
¿La primera vez que oí hablar de un amor platónico, de una idea?
Creo que no.
He llegado a una conclusión.
NO recuerdo cuándo la conocí porque no recuerdo un momento en que no la conociera.
Siempre estuvo ahí.Dentro de mí.Dentro de cada ser humano.
sábado, febrero 16, 2008
( Ella está tirada en la cama, mirando al techo con los ojos vidriosos, inexpresiva. Él la mira desde el marco de la puerta, analizándola.)
Él.- Deberías levantarte.
(Ella gira lentamente la cabeza, manteniendo la neutralidad fría de su rostro y le devuelve la mirada.)
Ella.- ¿Para qué?
Él.- Abajo, en la puerta, está la vida, y te está esperando. Dice que se va a ir en un instante, que va muy rápido y que no va a esperarte más.
(Ella vuelve a mirar al techo, como aburrida.)
Ella.- Dile que no me gusta la velocidad.
(Se oye un derrape en la calle. Él se asoma a la ventana para observar. Cuando se vuelve la mira.Ella ya no respira.)
Renovarse o morir
Siempre que vuelvo a este blog tras una larga temporada de descanso, utilizo este título de entrada.
lunes, noviembre 19, 2007
La muerte es lo único certero que tenemos en la vida...
...y sin embargo sigue habiendo personas que la temen.¿Por qué?
Siempre andamos buscando esa seguridad que nos permita vivir, esa verdad que nunca varíe, que siempre permanezca, inmutable, perfecta...
¿ y qué verdad es más segura que la mortalidad?
Todos sabemos que llegará, somos plenamente consciente de que nuestra vida tendrá un fin, independientemente de nuestras creencias acerca de lo que hay después, o no hay después.
Dejando a un lado cuándo llegue, cómo suceda...todos sabemos que llegará y sucederá.
Y esa es la verdad inmutable y perfecta que necesitamos para vivir bien nuestra vida.
El saber que no somos eternos ( ni siquiera yo, que me hago llamar Eterna),nos hace vivir más plenamente, más libremente, porque conocemos nuestro límite.
Ni siquiera el tiempo nos esclaviza, pues el tiempo no es decisivo realmente en nuestra vida, ¿por qué unos mueren antes y otros después?
La muerte es parte de nuestra vida...la parte más alta.
No se debe obviar, ni despreciar...hay que valorarla en su justa medida.
Y vivir con ella.
Aceptándola.
lunes, octubre 29, 2007
sábado, octubre 27, 2007
Hogar
Existen los momentos de tranquilidad total, momentos en los que se me olvidan absolutamente todos los problemas. Momentos en los que únicamente me dedico por completo a disfrutar de lo que tengo en ese propio instante.
En los que no dejo que los pensamientos me traicionen y me hagan caer en una espiral de inseguridad, miedo y preocupación. Preocupación sin fundamento, o con muy poco fundamento. Pensamientos exagerados hasta el extremo por mi retorcida mente, que se dedica a pensar siempre lo peor.
Sin embargo, como he dicho, existen esos instantes de felicidad, de calma, en los que consigo aislarme de esos falsos pensamientos que habitualmente me amargan.
Afortunadamente, sé apreciar esos momentos cuando los tengo, y sé exactamente cómo recuperarlos.
Me gustaría que duraran eternamente, pero no se puede pedir tanto.
No se puede pedir que esa completa felicidad dure para siempre.
Sin embargo, con recordarla, con pensar que puedo volver a sentir esa sensación siempre que vuelva al lugar que me la produce, me sosiega.Me da ánimos para seguir adelante y deshacerme de mis paranoicos pensamientos.
Ese lugar podría llamarse "casa", "hogar", pero no entendido como un espacio material, sino un espacio para el alma.
Donde realmente encuentro descanso, donde encuentro paz.










































